martes, 28 de febrero de 2017

Teorías Postergadoras


Todo el campo de la Psicoterapia actual está lleno de obstáculos que impiden el avance de los investigadores en las tentativas necesarias de aclarar positivamente sus problemas. Jóvenes que entraron esperanzados, en carreras universitarias, en búsqueda de conocimientos positivos con que enfrentar los problemas psíquicos angustiantes de la actualidad, terminan en la frustración y en el desespero. Muchos de ellos terminan en un campo minado, adhiriéndose a corrientes de aventureros y explotadores.  Fracasan en sus casos aumentando la legión de desesperados, recurriendo a recursos en desuso para mantenerse en un equilibrio aparente. Descubren aterrados la inscripción dantesca en los portales del infierno: “Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”. Los veteranos del profesionalismo frustrado se vinculan con algunas escuelas teóricas e intentan subvertir la escala de valores de la Civilización de la angustia regularizando trágicamente la anormalidad. Se rinden estratégicamente en una batalla sin gloria, a la espera de futuros descubrimientos salvadores. Entregan el cuello a la Esfinge de Edipo.

Esa situación dolorosa de las ciencias del psiquismo, en medio del esplendoroso avance de las ciencias en otros campos, reafirma la falsa idea generada en el criticismo kantiano, de una dualidad trágica e irremediable del hombre condenado: la de la existencia de un mundo inaccesible a las ciencias.

Las Teorías postergadoras siguen el camino inevitable de los procesos naturales a los que todos estamos sujetos: crecen, se desarrollan, envejecen y mueren. Pero dejan, en la vida de los organismos conceptuales, las generaciones espurias de las descendencias de una asombrosa filogénesis sistemática. De esa manera, la rueda de las frustraciones continúa girando, como los molinos de viento de Don Quijote en las desoladas planicies de la Mancha. Los molinos fantasmas, que nada mueven, por lo menos siguen desafiando la terquedad delirante de los quijotes. Mientras tanto, las teorías que estorban el camino de las Ciencias, como observó Richet, continúan torturando a las legiones de infelices sometidos a choques eléctricos y químicos en clínicas y hospitales sin fin.

Incluso, actuales resultados de la ciencia universitaria como la parapsicología, en acentuado desarrollo en los mayores centros universitarios del mundo, consiguieron sacudir el comodismo de quienes se apoyan en las teorías postergadoras. Se pospone la angustia, la desesperación, la tortura de millones de criaturas en defensa de métodos, principios y esquemas ya rotos en el mismo campo de la física, por miedo a las palabras y a los prejuicios del mundo científico, generados en fases de transición hace tiempo superadas. La era fantasiosa de los vampiros ya pasó hace mucho tiempo, pero la del vampirismo, nacida a fines del siglo pasado con los descubrimientos científicos de Crookes, Richet, Schrenk-Notzing, Kardec, Zöllner y tantos otros – todos hombres de ciencia, profesores-catedráticos de grandes universidades, apenas se esboza en nuestros días. Pero la liviandad humana, aún de hombres serios dedicados al trabajo científico, sostienen las prevenciones del pasado, sin coraje para avanzar en el campo minado de las supersticiones, como si la función primaria de las Ciencias no fuera principalmente la de acabar con ellas.

El vampirismo actual no se nutre de leyendas aterradoras, sino de realidades positivas en el campo del psiquismo, que exigen esclarecimiento. Las ciencias de lo paranormal nacieron de la investigación científica de los fenómenos psicofísicos. Donde hay fenómenos tangibles susceptibles de repetirse y por lo tanto de investigación bajo control estadístico, la Ciencia tiene la obligación de penetrar con sus instrumentos de comprobación. Los hombres con formación científica, especialmente los dedicados a las profesiones terapéuticas, no pueden eludir este deber sin caer en la violación de la ética profesional y la traición a los principios humanísticos. Esa doble prevaricación hoy pone la marca de Caín en la frente de todos los que viven en teorías perjudiciales. Una multitud de víctimas, que se cuentan por generaciones enteras, claman contra esta perfidia en el presente y hacen resonar su clamor desesperado hacia el futuro distante. Hoy los psicoterapeutas, casi por unanimidad, pasaran a la Historia como explotadores y torturadores de sacrificadas generaciones.

No hacemos una acusación, registramos un hecho.

La prueba científica de la existencia de la telepatía, de la clarividencia, la precognición y de la sobrevivencia de la mente después de la muerte corporal (Rhine, Carington, Soal, Price, en las Universidades de Duke, Cambridge, Oxford, Londres, Berlim, Kirov y otras) no deja dudas en cuanto a la realidad de la acción de entidades psicofísicas sobre las criaturas humanas. Rhine probó que la mente no es física, sino de constitución extrafísica. Carington reforzó esa prueba y formuló la teoría de las entidades psicónicas, formadas de psicones (átomos mentales). Soal designó con la sigla SHI a la personalidad humana sobreviviente. Vasiliev, en Rusia, se entregó a experiencias para demostrar que el pensamiento y la mente son materiales, pero terminó confesando su derrota. Louise Rhine se dedicó a investigaciones de campo (fuera de los métodos de laboratorio) y comprobó lo que su marido probara en el laboratorio. John Herenwald investigó y publicó sus trabajos sobre las influencias telepáticas en las relaciones interpersonales. El camino fue depurado por esos y otros científicos de la actualidad, quienes quitaron las estacas obstructoras, pero los negadores continuaran negando, al margen de las exigencias científicas.

Remy Chauvin del Instituto de Estudios Avanzados de París, llamó a los obstinados “alérgicos al futuro”, pero los psicoterapeutas no se apartarán de sus teorías y métodos de tortura.

 Sin embargo, el boom psíquico, la explosión psíquica en el mundo continuó su desarrollo. Y gracias al enajenamiento de los psicoterapeutas de formación universitaria, que se alimentaron en sus cursos con la leche de las Ciencias, surgieron por todas partes los charlatanes y explotadores de la credulidad pública y del desespero del siglo, con sus clínicas pseudo-parapsicológicas, arruinando la economía de los ingenuos.

Este sombrío panorama exige de todos nosotros, que no participamos de ese comercio deshonesto y humillante, el esclarecimiento del problema, con base en nuestros estudios e investigaciones desinteresadas de largos años, en la comprobación constante de la verdad a través de los hechos.

Los fenómenos paranormales revelan la naturaleza extrafísica del hombre, lo que vale decir su esencia espiritual. Los investigadores de la Universidad de Kirov se deslumbraron con la visión de lo que llamaron cuerpo bioplásmico del hombre, luminoso y brillante. Constituido por un plasma físico, su materia es resplandeciente. Verificaron, en la observación de fotografías paranormales con la cámara kirlian, que el cuerpo del moribundo solo se cadaverizaba cuando todos los elemento del cuerpo bioplasmático se retiraban. En las personas vivas constataron que ese cuerpo de plasma dirige todas las funciones del cuerpo carnal y actúa en las manifestaciones paranormales a través de las proyecciones de pseudópodos que pueden mover objetos a distancia. Verificaron además, la posibilidad de prevención de enfermedades en el cuerpo físico. Todo esto demuestra que el llamado cuerpo bioplásmico del hombre no es más que el cuerpo espiritual de la tradición cristiana, al cual el Apóstol Pablo llamó, en la Primera Epístola a los Corintios, cuerpo de resurrección. Esas descripciones coinciden con lo que Kardec llamó periespíritu, envoltorio del espíritu que liga el cuerpo físico al espíritu o alma. La teoría kardeciana del hombre trino: Espíritu, periespíritu y cuerpo carnal, fue confirmada por los científicos materialistas de Kirov, que no la conocían y no tenían ningún interés por una conclusión favorable a la sobrevivencia del hombre que, según el Marxismo, debe desaparecer en la tumba para siempre.

Percibiendo el riesgo a que se exponían, los científicos se apegaban a lo que les restaba de materia: el plasma físico. Pero en el mismo plasma, considerado el cuarto estado de la materia y formado por partículas atómicas, encontraron partículas de naturaleza indefinida. Con la teoría espírita, que considera al periespíritu como un cuerpo semimaterial compuesto de energías físicas y extra-físicas, Kardec se anticipó por más de un siglo al sensacional descubrimiento de los científicos de Kirov. De todo esto, destacamos la necesaria concepción del hombre como espíritu. El descubrimiento de la antimateria y de la interpenetración de los mundos físicos y no físicos, también explicó la convivencia entre los hombres y espíritus en el mismo espacio, pero en diferentes dimensiones de la realidad.

Percibiendo el riesgo a que se exponían, los científicos se apegaban a lo que les restaba de materia: el plasma físico. Pero en el mismo plasma, considerado el cuarto estado de la materia y formado por partículas atómicas, encontraron partículas de naturaleza indefinida. Con la teoría espírita, que considera al periespíritu como un cuerpo semimaterial compuesto de energías físicas y extra-físicas, Kardec se anticipó por más de un siglo al sensacional descubrimiento de los científicos de Kirov. De todo esto, destacamos la necesaria concepción del hombre como espíritu. El descubrimiento de la antimateria y de la interpenetración de los mundos físicos y no físicos, también explicó la convivencia entre los hombres y espíritus en el mismo espacio, pero en diferentes dimensiones de la realidad.

Percibiendo el riesgo a que se exponían, los científicos se apegaban a lo que les restaba de materia: el plasma físico. Pero en el mismo plasma, considerado el cuarto estado de la materia y formado por partículas atómicas, encontraron partículas de naturaleza indefinida. Con la teoría espírita, que considera al periespíritu como un cuerpo semimaterial compuesto de energías físicas y extra-físicas, Kardec se anticipó por más de un siglo al sensacional descubrimiento de los científicos de Kirov. De todo esto, destacamos la necesaria concepción del hombre como espíritu. El descubrimiento de la antimateria y de la interpenetración de los mundos físicos y no físicos, también explicó la convivencia entre los hombres y espíritus en el mismo espacio, pero en diferentes dimensiones de la realidad.

Tomado del libro: Vampirismo de J. Herculano Pires
Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

lunes, 6 de junio de 2011

Necesidad de Estudiar a Kardec para Discernimiento Doctrinario

Hay muchas confusiones, hechas intencionalmente o no, entre el Espiritismo y numerosas formas de superstición popular, inclusive las formas de sincretismo religioso afro-brasileño, hoy anchamente difundidas. Adversarios de la Doctrina Espírita acostumbran a generar intencionalmente esas confusiones, con el fin de alejar del Espiritismo a las personas cultas. Por otro lado, algunos espíritas mal orientados, que no conocen la propia doctrina, colaboran en ese trabajo de confusión, admitiendo como doctrinarias las más extrañas manifestaciones mediúmnicas y las más evidentes mistificaciones.

Algunos lectores se muestran justamente alarmados con la amplia aceptación que viene teniendo, en ciertos medios doctrinarios, prácticas de Umbanda y comunicaciones de Ramatis. Y nos escriben al respecto, pidiendo una opinión nuestra sobre esos asuntos. En verdad, ya escribi­mos numerosas crónicas acerca de la necesidad de vigilancia en los medios espíritas, de mayor y más seguro conocimiento de nuestros principios, y apuntando los peligros derivados del entusiasmo fácil y de la aceptación apresurada de ciertas innovaciones. Pero, para atender a las solicitudes, volveremos hoy al asunto.

Kardec decía, con mucha razón, que los adeptos demasiado entusiastas son más peligrosos para la doctrina que los propios adversarios. Porque estos, com­batiendo lo que no conocen, evidencian la propia flaqueza y contribuyen para el esclarecimiento del pueblo, mientras los adeptos de entusiasmo fácil comprometen la causa. Lo que estamos viendo hoy, en el medio espírita brasileño, no es más que la confirmación de esa asertiva del codificador. Espíritas demasiado entusiastas están siempre listos a recibir cualquier “nueva revelación” que les sea ofrecida, y a divulgarla ansiosamente, como verdades incontestables. ¡Qué diferencia entre el equilibrio y la ponderación de Kardec y ese arrojo inútil y prejudicial!

En lo tocante a la Umbanda, ya dijimos aquí, numerosas veces, que se trata de una forma de sincretismo religioso, o sea, de mezcla de religiones y cultos, con la cual el Espiritismo nada tiene a ver. Las formas de sincretismo religioso son, prácticamente, las nebulosas sociales donde nacen las nuevas religiones. La Umbanda ya superó la fase inicial de nebulosa, estando ahora en plena fase de condensación. Y por eso ella se difunde con más intensidad. Ya se puede decir que es una nueva religión, formada con elementos de las creencias africanas e indígenas, mezclando las creencias y formas de culto del catolicismo y del islamismo en franco desarrollo entre nosotros. El Espiritismo no participó de su formación, aunque nuestros sociólogos, en general, exactamente por desconocer el Espiritismo, digan lo contrario, pues confunden el mediúmnismo primitivo, de origen africano e indígena, con los principios de una doctrina moderna. Nosotros, espíritas, debemos respetar en la Umbanda una religión naciente, pero no podemos admitir confusiones entre sus prácticas sincréticas y las prácticas espíritas.

En cuánto a los mensajes de Ramatis, también tuve­ la ocasión de declarar que se trata de mensajes mediúmnicos para ser examinados. De nuestra parte, los consideramos como mensajes confusos, dogmáticos, basadas en el lenguaje típico de los espíritus pseudo-sabios, a que Kardec se refiere en la escala espírita del Libro de los Espíritus. Llenas de afirmaciones absurdas, e incluso contradictorias, esos mensajes revelan una fuente que debía ser encarada con menos entusiasmo y con más cautela por los espíritas. En general, nuestros compañeros se entusiasman con “las nuevas revelaciones” aparentemente contenidas en las mismas, olvidándose de pasarlas, como aconsejaba Kardec, por el tamiz de la razón.

Lo que tenemos que aconsejar a todos, por lo menos a todos los que nos consultan al respecto, es más lectura y más estudio de Kardec, y menos atención a espíritus que todo lo saben y a todo responden con tanta facilidad, usando siempre un lenguaje envolvente, en que no todos saben separar la verdad del error. “El Espiritismo”, decía Cairbar Schutel, “es una cuestión de buen sentido”. Procuremos andar de manera sensata, en la aceptación de los mensajes mediúmnicos.

EL MISTERIO DEL BIEN Y DEL MAL.

Artículo 1. S. Bernardo del Campo: Correo Fraterno del ABC, 1992. p. 9-11.

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta - Colombia

martes, 17 de mayo de 2011

Dialogando con los Muertos



DIALOGANDO CON LOS MUERTOS

Conversar con los muertos es practicar la Necromancia. Es incidir en la condena bíblica de ese arte satánico. Es practicar una herejía e incurrir en las penas divinas. El espírita es un nigromante, un hechicero, un individuo que regresa al pasado asirio, egipcio, greco-romano, a la era del paganismo. El espírita, nigromante confeso, es pagano, se mantiene aún en el tiempo en que el Cristianismo no había aparecido en la Tierra.

Ese es el raciocinio de varios cristianos que nos escriben, católicos, protestantes, evangélicos. Muchos de ellos son piadosamente cristianos y quieren salvarnos del fuego del infierno. Menos mal que no estamos en el tiempo de la Inquisición y ellos no pueden salvarnos del fuego eterno, quemándonos caritativamente en una hoguera en la plaza pública. Pero esa buena gente no es culpable de pensar así. Desde que el Espiritismo apareció, a mediados del siglo pasado, hasta hoy, sacerdotes y pastores, obispos, cardenales, arzobispos, misioneros y santos confesores, llenos de piedad y fe, vienen predicando en ese tono a sus rebaños. Las inocentes ovejas aprenden, aterradas, que los lobos de Satanás rondan el redil de las iglesias con sus artimañas. Y como en general no saben lo que es Necromancia, imaginan cosas terríficas acerca del significado de esa extraña palabra. Para aumentar el pánico, ciertos diccionarios dicen que Necromancia es Espiritismo. El propio gran Diccionario Etimológico y Prosódico de la Lengua Portuguesa, del ilustre Prof. Silveira Bueno, comete ese engaño. Delante de tantos pronunciamientos de personalidades ilustres, de autoridades eclesiásticas y universitarias, ¿qué puede hacer una oveja inocente, sino temblar y balar hasta la hora de la esquila? 

La necromancia es una rama de la magia antigua, de los llamados artes mágicos de la Antigüedad. A través de ritos especiales, de prácticas mágicas primitivas, los hechiceros de antaño obligaban a los muertos a subir a la tierra - o sea, a salir de los túmulos, como se ve en el episodio bíblico de la Pitonisa de Endor - para hacer adivinaciones y pronósticos. 

Los espíritas no usan nada de eso. No practican ritos de especie alguna, ni pueden obligar a ningún muerto a salir del túmulo para una charla a la media noche. Los espíritas dialogan con los espíritus, que no son muertos, sino vivos, criaturas de Dios más vivas que los llamados vivos de la Tierra. Jesús mostró la diferencia que existe entre Necromancia, arte mágico de los tiempos de ignorancia, y Espiritismo, doctrina racional y científica de los tiempos de luz, al evocar a Elías y Moisés en el Monte Tabor para conversar con ellos delante de los apóstolos. Y el apóstol Pablo nos cuenta, en Corintios I, al tratar de los dones espirituales, como eran hechas las sesiones espíritas del Cristianismo apostólico, en que los cristianos conversaban con los espíritus para su edificación espiritual. Confundir Necromancia con Espiritismo es ignorancia, lo que Dios perdona, o mala fe, lo que no tiene perdón, porque es el pecado contra el espíritu de que habla el Evangelio y que tiene que ser pagado por el pecador.

Tomado del libro: “El Hombre Nuevo
Traducción: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta - Colombia

sábado, 14 de mayo de 2011

Manifestaciones Espirituales de los Niños



En las corrientes del Sincretismo Religioso Afro Brasilero existen, divididas en formas idealizadas de grupos espirituales, las corrientes infantiles, médicas, orientales, africanas, indígenas y otras, que se manifiestan mediúmnicamente, con las características del condicionamiento etario[1] de la vida terrena, de las condiciones profesionales y raciales y así por delante. En las prácticas africanas del Candomblé y en las prácticas indígenas de la Poracé se manifiestan los elementales, espíritus en transición hacia el plano humano. La intensa divulgación de esas prácticas sincréticas – mezclas de religiones primitivas de los negros africanos y de los indígenas americanos – lleva a mucha gente a preguntar por qué motivo esas manifestaciones no ocurren también en las sesiones espíritas, donde las manifestaciones son generalmente de criaturas humanas adultas. Un ilustre médico psiquiatra, dedicado a esos asuntos, llegó a declarar en una conferencia en Sao Paulo que el Espiritismo ignoraba la existencia de espíritus no-humanos. Un espírita presente no se contuvo y le explicó al público que el Espiritismo conoce y proclama la existencia de incontables formas de espíritus no-humanos pero no se apega al asunto, por ser una doctrina. Las fases anteriores de la evolución pertenecen al dominio de las leyes naturales. Todos esos espíritus en ascenso hacia el plano hominal no disponen aún de inteligencia y conciencia suficientemente desarrolladas para participar del plano humano. En el mundo espiritual esos espíritus son amparados y orientados por espíritus que se dedican a los llamados espíritus de la naturaleza.

Vale esa lección para los espíritas que hoy predican la supresión de las sesiones mediúmnicas, alegando que el adoctrinamiento de espíritus humanos ignorantes y sufrientes pertenece al mundo espiritual. Ese raciocinio ilógico y antinatural establece la dicotomía en el proceso de intercambio mediúmnico, sin ninguna prueba de la razón alegada. Por otro lado, niega el principio de solidaridad humana entre los dos planos estrechamente conjugados, el carnal y el espiritual. La adoctrinación mediúmnica es función básica del Espiritismo, la más bella y consoladora herencia del Cristianismo del Cristo (y no de sus vicarios) como declaró el Padre Alta en su famoso libro. Cancelar las sesiones mediúmnicas sería volver al marco-cero. Restableceríamos así el principio católico de la inviolabilidad del misterio de la muerte, aislándonos artificialmente de los espíritus amigos, nuestros compañeros de evolución humana, que continúan conviviendo con nosotros en la interpenetración de los mundos material y espiritual, hoy comprobada por las propias Ciencias materiales. Cerraríamos las puertas de nuestra ignorancia en la cara de los amigos y parientes que nos aman y nos ayudan en el campo de las relaciones mediúmnicas. ¿Es eso lo que desean los inquietos y desavisados innovadores de nuestro tiempo?

Las manifestaciones de espíritus de niños son naturales, pues todos los espíritus pueden manifestarse. Pero las manifestaciones de esos espíritus en cadena, formando corrientes para trabajos espirituales no tienen sentido. Los niños transforman a los médiums en bebés llorones, piden chupetas y biberones, quieren juguetear con muñecas y cosas por el estilo. Acontece que los espíritus de niños no son niños, sino adultos. Al dejar el cuerpo infantil son confiados a espíritus superiores que los orientan para que se desacondicionen de la situación infantil, que solamente necesitaban en función de su rápido pasaje cármico por la Tierra. Cuando el espíritu ya dispone de conocimientos espirituales, retorna por sí mismo y naturalmente la condición de adulto. La condición infantil corresponde a las necesidades evolutivas del cuerpo material.

Cumplidas esas exigencias psicobiológicas, retornan a la condición de adultos. Eso se torna evidente en las manifestaciones de espíritus de niños muertos que se manifiestan a los padres para identificarse, pero en manifestaciones posteriores se declaran adultas. En nuestro grupo de trabajo, un pequeño de ocho años respondió a los mimos y preocupaciones de los padres diciendo: “No soy ya un niño. La muerte nos hace crecer de prisa. Me volví joven en pocos días. Pero soy el mismo espíritu que ustedes sólo conocieron como niño. Cumplí mi misión y ahora tengo que proseguir con mi evolución. Estaré siempre con ustedes, porque los amo, pero no piensen en mi como muerto o como niño, pues ya no soy ninguna de las dos cosas”. Los espíritus de niños, de adultos y de viejos se manifiestan como eran cuando vivos para identificarse, pero no permanecen en el estado en que murieron. Las manifestaciones del sincretismo religioso son en general condicionadas por las creencias y tradiciones de las religiones primitivas y de los varios tipos de manifestaciones religiosas de que provienen. Se trata en general de manifestaciones anímicas sometidas al proceso de condicionamiento a la creencia, investigado por Richet en el siglo pasado y por los parapsicólogos actuales. Boirac dio a esas manifestaciones la designación de espiritoides, lo que vale decir pseudos-espíritus. El devoto de Nuestra Señora que ve un espíritu radiante de mujer, tiende siempre a considerarla como la santa de su devoción. Ese es uno de los capítulos más difíciles del campo científico de la mediúmnidad, que la mayoría de los espíritas desconoce. Cada ciencia tiene sus problemas difíciles, que exigen un estudio serio por parte de sus practicantes.

Kardec registro en sus investigaciones varias manifestaciones de niños en la condición de agéneres (manifestaciones de niños en forma de materializaciones, pero que no lo son). Se trata de casos raros, provocados por el excesivo apego a espíritus afines. El caso de la niña Raquel, hija de Frederico Figner, fue una materialización a través de un médium. El agénere es el fenómeno producido por alteraciones del periespíritu o cuerpo espiritual del espíritu manifestante, que le da la apariencia de materializado (Ver en la Revista Espírita, de Kardec, la teoría de los agéneres). Sin estudio metódico y profundización de la Doctrina, los adeptos se exponen al peligro de errores e ilusiones en la apreciación de los fenómenos y quedan generalmente en dificultades para refutar las teorías esdrújulas de los opositores; ciencia de lo imponderable e invisible, que no es raro se tornen ponderables y visibles. El Espiritismo requiere de sus adeptos mayor ahínco en los estudios, en la observación e investigación. Es de extrema liviandad la actitud de adeptos y contradictores del Espiritismo que pretenden explicar los fenómenos que no conocen, juzgándose defensores únicos de la verdad y detentores exclusivos del discernimiento y del buen sentido, dotados de dones especiales para encontrar engaños por todas partes. Un ilustrado y famoso profesor de Medicina tuvo el coraje de exhibir en reuniones científicas fotografías de mesas burdamente amarradas con tiras de paño y cuerdas como prueba de fraudes en los fenómenos de levitación. Tristes restos, destrozos humillantes de batallas perdidas en la lucha contra el Espiritismo por embaucadores, magos de escenario y sacerdotes más interesados en la mentira que en la verdad de las revelaciones espirituales. Es increíble, que hoy aún, en plena era atómica y en plena expansión mundial de la Parapsicología, reconocida como ciencia universitaria, esos vergonzosos residuos de la miseria humana puedan servir, aunque como piezas de un viejo museo, como armas contra los resultados de investigaciones científicas.

Al problema de las manifestaciones de espíritus de niños debemos unir el de las manifestaciones de la mediúmnidad infantil. Campo aún poco explorado por los investigadores, por las dificultades naturales que ofrece y el temor de desencadenar procesos inesperados en el psiquismo inmaduro, fue investigado en el pasado y continúa siendo investigado en nuestros días. Los casos como el de Pierino Gambá y Gianella de Marco, explotados en exhibiciones públicas mundiales, quedaran científicamente inexplicados. Gianela, una frágil pequeña italiana de seis años, se presentó en el Teatro Municipal de Sao Paulo, dirigiendo la Orquesta Sinfónica con la pericia de un gran director. Llevada a una exhibición más amplia en el Gimnasio de Pacaembu, totalmente lleno, dirigió con la misma seguridad, en la promoción del Club de los Periodistas Espíritas, recibiendo elogios cargados de espanto de nuestros críticos profesionales. En los mismos casos de exorcismo católico, hoy ampliamente divulgados, surgen niños médiums tratados como endemoniados. A los Centros Espíritas comparecen madres afligidas llevando niños que necesitan de tratamiento para librarse de influencias mediúmnicas atemorizantes. En la Parapsicología actual, las investigaciones más interesantes se refieren a casos psiquiátricos y de manifestaciones telepáticas. En esas manifestaciones, investigadores norteamericanos e ingleses probaban, sin querer y sin saber, uno de lo más sorprendentes principios de la Ciencia Espírita – el de que los debiloides mentales son espiritualmente normales, resultado de las deficiencias de imperfecciones y anormalidades del cerebro y no de la mente. Experiencias sucesivas y rigurosamente científicas, confirmando la tesis de Rhine de que la mente no es física, revelaron la situación dramática de esas criaturas, como resultado de abusos criminales en el pasado. Investigaciones en presidios mostraron la misma situación en casos de locura. Robert Amadou, católico tomista, relata esas investigaciones en su libro Parapsicología; Herenwald, Pardson-Crieg, Carintong y otros hacen coro de ese testimonio.

Todos esos hechos recientes, comprobados en los grandes centros universitarios del mundo, abre, según varios especialistas, una nueva perspectiva en el campo de las posibilidades de cura de esas deficiencias.

En lo referente a las manifestaciones mediúmnicas de niños dentro de las llamadas corrientes del sincretismo religioso, en nada les favorecen esas investigaciones. La mediúmnidad infantil es puramente pasiva, receptiva. El espíritu del niño, en su condicionamiento infantil, está sometido al proceso reencarnatorio, por eso mismo desprovisto de la libertad de escogencia y de acción para el control de un médium. El paralelismo psicofísico del desarrollo infantil exige la ligación más íntima y efectiva del espíritu con el cuerpo. La mente infantil reducida a las condiciones primarias de la inmadurez, no dispone de medios para el raciocinio claro y las decisiones voluntarias. El niño sólo puede disponer de recursos para manifestaciones independientes después de los ocho años de edad. Un niño que se manifiesta por un médium adulto pidiendo muñecas o chupetas permanece aún en el plano de la subconsciencia, no pudiendo violentar las leyes naturales del crecimiento humano. La Psicología infantil ya se encuentra suficientemente desarrollada para ofrecernos una visión general del proceso ontogenético en las fases primarias del desarrollo infantil.

Por otro lado, esas manifestaciones, si fuesen reales, revelarían falta de orden en el mundo infantil, donde los niños quedarían a merced de entidades maduras y mal orientadas. Las consecuencias morales de una situación como esa serían desastrosas para todas las concepciones espiritualistas. La situación del niño en esa concepción primitivista superaría en desaliento la del limbo católico hacia donde los niños no bautizados serían remitidos después de la muerte. La obra de la Creación, es sobre todo orden, amor y justicia, no se puede admitir lógicamente ese abandono de los niños espirituales a su propia suerte. Los espíritus infantiles que no retoman su madurez mental después de la muerte son entregados a los espíritus maternales que, según técnicas especiales, tratan de protegerlos y llevarlos a la reintegración de sus experiencias de vidas anteriores. El Espiritismo, como decía Kardec, es una cuestión de buen sentido.

La cuestión de los elementales, espíritus aún en transición hacia la humanidad, resulta de la misma teoría espírita de la evolución, que es general, universal y secuencial. Doctrinas de elevado tenor cultural, como la Teosofía de Olcot y Blavatsky y religiones mágicas y primitivas, como las del sincretismo religioso afro-brasilero, dan gran énfasis a ese campo de manifestaciones primarias, que sólo puede ser investigado a través de la videncia. Como ese medio de investigación está sujeto a muchas imprecisiones e interpretaciones erróneas, el Espiritismo se interesa más por las manifestaciones de espíritus adultos, pues en estos se encuentra más seguridad y posibilidades de confirmación de los hechos, así como mejor provecho para la humanidad que representa una fase decisiva de la evolución de los seres. Todo nos muestra, en el mundo actual, que no podemos perder tiempo con especulaciones secundarias. La inmensa mayoría humana, encarnada y desencarnada de nuestro planeta, no ha llegado aún a la comprensión real del sentido de la vida y necesitan el apoyo y ayuda de aquellos que se adelantaron en el camino. Las doctrinas espirituales que se dicen de avanzada se acaban cerrando en pequeñas elites desligadas de la masa sufriente y necesitada. 

El mensaje espírita, desarrollando y aclarando las enseñanzas cristianas, va de la cabaña al palacio y puede enfrentar con seguridad los embates del religiosismo dogmático y del materialismo científico en todos sus aspectos. Ella demuestra, inclusive, que la verdadera Ciencia no puede parar en los límites de la materia, pues el ser no es materia, sino espíritu, y la finalidad de la Ciencia es reconocer y revelar la realidad total en su interacción de causa y efecto, espíritu y materia. Negar el espíritu o considerarlo como subordinado a la materia es negar las posibilidades cognoscitivas de la inteligencia. El científico que así procede comete un suicidio cultural. Toda la cultura se nadifica en ese gesto antihumano de esconderse en la cueva de un topo. El Espiritismo nos revela al hombre como el conocedor insaciable de toda la realidad. Por eso, la primacía espírita concedida al hombre es una exigencia de la evolución global de las cosas y de los seres. Las exigencias metodológicas del conocimiento óntico son necesarias, no pueden ser transformadas en hipótesis que obstaculicen las rutas del saber, como reconoció Charles Richet, tratando precisamente de los problemas espirituales de la Metapsíquica.

Tomado del libro: La Ciencia Espírita y sus implicaciones Terapéuticas
Traducción: Oscar Cervantes Velásquez
Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís
Santa Marta – Colombia
Septiembre 4 de 2009


[1] Perteneciente o relativo a la edad de una persona. Período etario. Franja etaria. Nota del traductor.